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Rápido y furioso

La historia de Felipe Joui parece tomada de la saga que inmortalizó a Toretto y Brian: dejó atrás sus títulos universitarios y apostó por el negocio tuerca.


Mecánica, mantención, potencia, detailing… Vocablos de un emergente mundo de autos que sus dueños aman, corren, preparan y cuidan como a un preciado tesoro. Son los conceptos que se impusieron sobre las leyes y un MBA. Claro, porque la vida del cientista político Felipe Joui tomó un rumbo diferente entre turbos, suspensiones y kits de frenos deportivos; una forma de vida y un trabajo altamente especializado.

“Creo que todo empieza cuando llega a mi vida mi primer Golf, en el año 2002”, recuerda el hoy líder del primer Car Performance Center en Chile. “Hace 18 años creía que tenía un auto rápido, hasta que en un semáforo me topé con uno que era más veloz. Ahí comenzó un bichito”. Fundó un blog, que llegó a tener más de seis mil seguidores, organizaron un “track day”, comenzaron a encontrarse con los autos en la pista -incluso fueron a Mendoza-. Luego nació Ultra High Performance, una revista que trataba temas de mecánica, potenciación de autos y coches de alta gama.

Ahora, fundó UHP Magazine y se asoció con ProRace, un taller con 10 años de experiencia en el rubro, que es multimarca y multiservicio, de reconocida tradición y enfoque en las carreras y preparación de autos.

En su local de Bilbao, en Las Condes, da la impresión de que en cualquier momento asomará el mismísimo Toretto de la saga cinematográfica “Rápido y Furioso”. Y no es una sensación casual ni gratuita. “Me gusta Brian, ese policía díscolo al que le tiran las tuercas y que tiene que ver de alguna manera conmigo, ya que soy el cientista político que terminó metido en fierros y motores”, sostiene en alusión al ya legendario personaje al que dio vida el trágicamente fallecido actor Paul Walker.

Joui afirma que sus desarrollos no sólo apuntan a un Audi o un Mercedes, ya que la potenciación es algo transversal y no debiera ser exclusivo de las firmas caras, ya que este es un tema para todos. “A cualquier auto se le pueden mejorar los frenos, suspensión y poner algo más de potencia”, explica y lo ejemplifica con un caso que engancha a miles de automovilistas. “El Swift (Suzuki) es un modelo muy transversal, querido, seguido y que como particularidad es objeto de ser modificado a nivel de línea de escape, una reprogramación, una mejora en el pedal del acelerador. Y así el usuario lo sentirá distinto, mejor, más ágil”.

Un proceso de reprogramación, detalla Felipe Joui, puede costar 250 mil pesos y un auto gana hasta 15 caballos de fuerza. “La nueva categoría de pista TP Race ha demostrado que no todo es potencia y caballos, también son clave los frenos, la suspensión, los neumáticos”, comenta mientras, en el otro extremo de su “arte tuerca”, destapa un nuevo “demo car” de este emprendimiento.

“Hemos querido desarrollar un bólido de prestaciones sobresalientes, pero de uso diario y confiable. Esta vez, además, queremos establecer algunos récords en aceleración y las carreras del cuarto de milla”.

La nota original Aquí